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aprendizaje significativo

Adquirir conocimientos a través del aprendizaje significativo

Expertos coinciden en que el aprendizaje significativo es el más efectivo para el sujeto que lo aprende. Los profesionales encargados de la educación de los y las menores, así como de las familias deben de hacerse preguntas del tipo ¿Es útil para el niño y la niña en la etapa vital en la que las está experimentando, determinadas enseñanzas? ¿Las experiencias derivadas de esos aprendizajes generan sentimientos positivos y de satisfacción para él o ella?.

Sin duda alguna, si de algo están convencidos los/las educadores/as infantiles es de que las y los menores que disfrutan de lo que hacen, además de ser más felices, articulan su mundo de manera más constructiva, positiva y con mayor efectividad, es decir, los contenidos y las emociones permanecen a lo largo del tiempo, se almacenan en la memoria sensorial y a largo plazo. El menor va construyendo habilidades de afrontamiento útiles y funcionales para enfrentar de manera segura su día a día. 

La importancia del modelo a imitar

Para conseguir este efecto en la educación es muy importante mostrarse como un modelo a seguir, como un ejemplo a imitar a los ojos de las familias que confían sus hijos a los profesionales del ámbito educativo. De esta manera se le brinda la oportunidad de optar a otras formas educativas y de relacionarse con sus pequeños y pequeñas en su día a día en el hogar. Además, se consigue generalizar los aprendizajes de los niños y niñas y homogeneizar, en   la medida de lo posible, los estilos de crianza tanto de ellos como de las y los educadores, porque somos una comunidad responsable del crecimiento de las y los pequeños y pequeñas.

El/la educador/a

Si bien es cierto que cada uno cumple su rol, el/la educador/a se fundamenta principalmente en los contenidos curriculares sin olvidar los afectivos y las familias, por su parte, de los contenidos de crianza propiamente dichos en su sentido más amplio. El/la educador/a enseña con ternura, con cariño, con simpatía y empatiza con el alumno y con la familia.

Es preciso incluir a los padres y a las madres en este sistema y que se beneficien de este contenido de inteligencia emocional que, desde el minuto cero, se debe poner a disposición de niños hijos/as y alumnos/as, así como de todos aquellos con los que nos relacionamos. El niño/a utiliza, entre otras herramientas, la observación del entorno para nutrir su crecimiento; a mayor calidad, mayor éxito.

La vocación del profesional no es sólo la profesionalidad o la satisfacción del trabajo realizado, materializado en la entrega del día a día, sino también consiste en la capacidad de autocrítica para una mejora continua. Las últimas investigaciones en el ámbito de la educación, tanto familiar como en los centros educativos, nos invitan a incluir, entre otros contenidos, los relacionados con la inteligencia emocional y la capacidad para adaptarse de manera saludable y constructiva a los entornos cambiantes. No olvidemos que un niño es un sujeto en continuo crecimiento y cambio, y que de su forma de adaptarse al entorno dependerá el éxito en su vida. 

Un nuevo rumbo

Para concluir, la educación académica merece un espacio de reflexión, en una dirección más ajustada a las particularidades de cada niño y de cada niña, de cada familia y por supuesto de cada momento y etapa de aprendizaje. Estamos en proceso de cambio, lo que no quiere decir que vayamos en la trayectoria correcta. Estoy convencida de que si nos paramos a recapacitar sobre cómo podemos educar desde el corazón y empatizar con nuestros niños, niñas y familias, construiremos un mundo mejor.

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